
DURACIÓN
17 Días
DIFICULTAD
Media
Horizontes Andinos: La Experiencia de la Ruta 40 Norte
Un viaje en coche por los paisajes más fascinantes del norte de Argentina.
Este itinerario ofrece una experiencia perfecta para los viajeros que buscan independencia sin renunciar a la calidad. Recorriendo el tramo norte de la emblemática Ruta 40 de Argentina, atravesará una geografía espectacular, desde los fértiles valles vinícolas de Salta hasta desiertos de gran altitud marcados por cactus gigantes, acantilados ocres y ciudades coloniales.
El itinerario incluye lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, exquisita gastronomía regional y acceso a destinos menos conocidos pero de gran riqueza cultural. El alojamiento ha sido seleccionado por su comodidad, encanto y sentido del lugar, mientras que el itinerario equilibra la estructura con la flexibilidad para explorar a su propio ritmo.
La Ruta 40 Norte es ideal para quienes aprecian la autenticidad, la intimidad y la sofisticación de unos paisajes que hablan por sí solos.
Puntos de interés
- Quebrada de Humahuaca e Hornocal
- Salinas Grandes
- Salta
Valli Calchaquí e Cafayate
- El Peñón
- Talampaya e Laguna Brava












Itinerario
Itinerario
Al llegar al aeropuerto de Jujuy comienza esta travesía por la mítica Ruta 40 Norte. El primer tramo es breve pero lleno de potencia visual: a medida que avanzan, la vegetación cambia, las nubes se disipan y el sol empieza a marcar con claridad el contorno de los cerros.
En el camino, pueden hacer una breve pausa en Volcán o Tumbaya, dos pueblos tranquilos donde el adobe, las artesanías y el silencio ya hablan el idioma de la Quebrada. En algunos tramos es posible ver pasar el nuevo tren solar, que serpentea al ritmo del paisaje.
Al llegar a Purmamarca, los espera un rincón que parece tejido con minerales, al pie del Cerro de los Siete Colores. La recomendación: soltar el ritmo urbano, caminar sin apuro y cenar bajo un cielo que revela cada estrella.
Noche en Purmamarca.
Distancia a recorrer: 95 km
Tiempo estimado de conducción: 1 hora y 8 minutos
En Tilcara, recomendamos visitar el Pucará, una antigua fortaleza precolombina desde donde se obtienen vistas privilegiadas del valle. En Uquía, vale la pena entrar a su iglesia colonial, famosa por albergar pinturas cuzqueñas de ángeles arcabuceros.
Después del mediodía, desde Humahuaca, comienza el ascenso en camino de ripio hacia el mirador del Hornocal, donde los 14 colores se revelan con la mejor luz del sol alto. Una escena que parece salida de otro planeta.
En el regreso hacia Purmamarca, recomendamos una breve parada en Maimará, para apreciar la Paleta del Pintor, cuyas franjas minerales se iluminan especialmente al caer la tarde.
Ya de regreso, tendrán tiempo para seguir explorando Purmamarca, con su mercado artesanal, sus calles de adobe y el omnipresente Cerro de los Siete Colores. Un día donde la geografía y la cultura dialogan sin palabras.
Noche en Purmamarca.
Distancia a recorrer: 139 km de pavimento y 50 km de ripio
Tiempo estimado de conducción: 4 horas
Después de explorar este paisaje surreal, el viaje continúa hacia San Antonio de los Cobres, un pequeño pueblo de altura donde el silencio se escucha distinto. Ideal para un almuerzo simple y una pausa en el tiempo.
Desde allí, el camino desciende lentamente hacia el Valle de Lerma, donde el verde vuelve a aparecer y la luz cambia de tono. La jornada culmina en la ciudad de Salta, con sus balcones coloniales, plazas arboladas y faroles que se encienden como luciérnagas urbanas.
Distancia a recorrer: 342 km
Tiempo estimado de conducción: 6 horas
La mañana está reservada para descubrir Salta a pie, a paso tranquilo y con los ojos bien abiertos. El centro histórico invita a perderse entre la Catedral de fachada rosada, el antiguo Cabildo, el MAAM con sus sorprendentes hallazgos arqueológicos y las iglesias coloniales que guardan siglos de historia viva.
Por la tarde, el tiempo es libre para dejarse llevar: cafés con mozos de moño, tiendas de diseño, patios escondidos y, si se animan, subir en teleférico al Cerro San Bernardo, desde donde la ciudad se despliega como una maqueta entre cerros.
Noche en Salta.
El recorrido incluye paisajes únicos como la Recta del Tin Tin, una línea perfecta trazada por ingenieros incas y rodeada por el Parque Nacional Los Cardones, donde cientos de cactus centenarios se alzan como guardianes del silencio.
Pasarán por el encantador pueblo de Cachi, con sus casas de adobe, calles tranquilas y la luz dorada del altiplano. Ideal para detenerse a almorzar y caminar entre cardones y artesanías locales.
La jornada culmina en Molinos, un rincón sereno con calles de piedra, silencio andino y vistas que calman el alma. Un lugar perfecto para bajar el ritmo, mirar el cielo y dejar que el tiempo pase más lento.
Noche en Molinos.
Distancia a recorrer: 186 km
Tiempo estimado de conducción: 4 horas y 10 minutos
A medida que se acercan a Cafayate, el paisaje muta una vez más: aparece la Quebrada del Río Las Conchas, un corredor natural donde la tierra se convierte en escultura. El Anfiteatro, la Garganta del Diablo, Los Castillos… cada formación parece obra de una paciencia geológica que lleva millones de años tallando viento y roca.
El día culmina en Cafayate, tierra luminosa del vino Torrontés, donde las plazas invitan a quedarse un rato más, entre aromas dulces y calles que huelen a vid y siesta.
Noche en Cafayate.
Distancia a recorrer: 113 km
Tiempo estimado de conducción: 2 horas y 45 minutos
En el camino, atravesamos pequeñas localidades como San Carlos, con su arquitectura colonial y calles tranquilas, y Hualfín, donde se puede apreciar la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, una de las más antiguas de la región. A medida que ascendemos, el paisaje se transforma en una sucesión de serranías áridas, salares que reflejan el sol y campos de lava petrificada.
Llegamos a El Peñón, un refugio andino a más de 3.400 metros sobre el nivel del mar. Rodeado de volcanes, salares y cielo inmenso, este pequeño poblado será la base para explorar los misterios geológicos de la puna catamarqueña.
Noche en El Peñón.
Distancia a recorrer: 345 km
Tiempo estimado de conducción: 5 horas
Estas experiencias requieren tiempo, paciencia y adaptación a la altura, pero ofrecen postales que pocas personas en el mundo han visto con sus propios ojos.
Ya sea entre cenizas volcánicas, aguas de color turquesa o esculturas de piedra erosionada por milenios, la sensación es la misma: estar en un lugar que no se olvida.
Noche en El Peñón.
Antes de llegar a Belén, sugerimos detenerse en las Ruinas de El Shincal de Quimivil, uno de los sitios arqueológicos incaicos más importantes del país. Este antiguo centro ceremonial y administrativo fue clave en el sistema del Qhapaq Ñan, la red vial que unía los Andes. Caminando entre sus terrazas, recintos y plataformas rituales, es posible sentir una geometría viva, diseñada para conectar cielo y tierra.
Ya en Belén, ciudad conocida por su tradición textil, podrán disfrutar de una noche de descanso rodeada de historia y artesanía.
Noche en Belén.
Distancia a recorrer: 240 km
Tiempo estimado de conducción: 3 horas y 40 minutos
Recomendamos una pausa en la bodega de Chañarmuyo, un oasis entre cerros donde la tierra fértil y la piedra conviven en equilibrio. Ideal para almorzar rodeados de viñedos de altura y degustar vinos locales que llevan el alma del valle en cada copa.
Luego, la ruta se interna en paisajes cada vez más áridos y esculturales: grandes planicies, formaciones rocosas y la inmensidad típica del norte profundo.
La jornada termina en Villa Unión, una pequeña ciudad enclavada entre la precordillera y el desierto, donde el silencio vuelve a tener volumen propio.
Noche en Villa Unión.
Distancia a recorrer: 357 km
Tiempo estimado de conducción: 4 horas y 45 minutos
La Laguna Brava es un espejo de agua salada inmenso, rodeado de montañas ocres y picos nevados, donde anidan en temporada miles de flamencos andinos. Es también un sitio RAMSAR, protegido por su valor ecológico, y un lugar donde el silencio se convierte en presencia. Algunos viajeros dicen que allí el cielo se ve más cerca.
Si preferís una jornada más tranquila, podés quedarte en Villa Unión y conectar con la vida local: recorrer la plaza central, visitar pequeñas bodegas familiares con vinos del Valle de Bermejo, caminar entre huellas fósiles o simplemente contemplar cómo cambia la luz en los cerros a lo largo del día.
Noche en Villa Unión.
Si el grupo tiene interés y el tiempo lo permite, también se puede sumar la visita a Ischigualasto, el famoso Valle de la Luna, del lado sanjuanino. Su terreno casi lunar, su historia paleontológica única y el silencio mineral lo convierten en una de las postales más extrañas y fascinantes del país.
De todos modos, incluso sin desvíos, la Ruta 150 atraviesa parte del parque, regalando vistas majestuosas durante el recorrido. Antes de llegar a Jáchal, sugerimos una breve parada en el mirador de la Cuesta de Huaco, ideal para una foto panorámica con el atardecer abrazando las formaciones.
Jáchal será una noche técnica, pensada como descanso entre rutas… aunque si el viaje cae en noviembre, puede coincidir con la Fiesta Nacional de la Tradición, donde el folclore, las danzas típicas, y el espíritu criollo toman las calles con guitarras, bombos y caballos.
Noche en Jáchal.
Distancia a recorrer: 241 km
Tiempo estimado de conducción: 3 horas
En el camino, se recomienda una parada para visitar el Cerro Alcázar y el Cerro de los Siete Colores (versión sanjuanina), dos formaciones naturales que impactan tanto por sus formas caprichosas como por sus tonalidades vibrantes, esculpidas por siglos de erosión y movimientos de la tierra. Ambos cerros son excelentes puntos para hacer una caminata breve, respirar aire seco y capturar imágenes únicas.
El resto del trayecto serpentea entre sierras, pueblos diminutos, cauces secos y planicies abiertas que se pierden en el horizonte. A medida que se acercan a Barreal, el paisaje se vuelve más amable, con sauces, álamos y canales de agua cristalina que anuncian el valle.
Barreal es un rincón sereno y encantador, con calles de tierra, cielo limpio y noches estrelladas. Ideal para descansar, reconectar con la naturaleza y simplemente estar.
Noche en Barreal.
Distancia a recorrer: 259 km de pavimento
Tiempo estimado de conducción: 3 horas y 20 minutos
Para quienes prefieren una experiencia más sensorial, el Valle de Calingasta ofrece bodegas boutique donde degustar vinos de altura con carácter y personalidad, muchas veces servidos por sus propios productores. También podés explorar a pie los senderos que rodean el pueblo, entre álamos, canales y cardones, o simplemente quedarte en la galería de tu posada, viendo cómo la luz va transformando el paisaje a lo largo del día.
Y si el cielo lo permite (y casi siempre lo permite), por la noche te espera uno de los espectáculos más sublimes del viaje: una visita al Observatorio Astronómico El Leoncito, ubicado dentro de un parque natural que garantiza oscuridad absoluta.
Noche en Barreal.
También podés aventurarte al Parque Nacional El Leoncito, donde los senderos se abren paso entre arbustos nativos y rocas antiguas, revelando miradores solitarios y cielos sin fin. Si preferís algo más pausado, las bodegas del Valle de Calingasta ofrecen catas íntimas de vinos que maduran a más de 1.500 metros de altura.
Y si el cuerpo pide descanso, simplemente quedate en la posada, disfrutando del sol que atraviesa la galería, de un buen libro o del silencio que allá no es ausencia, sino compañía.
Noche en Barreal.
Muy cerca se encuentra la entrada al Parque Provincial Aconcagua, donde podrán caminar por senderos autoguiados y asomarse al paisaje del coloso de América: el Aconcagua, que se alza imponente con sus casi 7.000 metros sobre el nivel del mar.
Después, la ruta desciende progresivamente hacia Mendoza ciudad, vibrante, arbolada y amable, capital del vino y de los brindis bien ganados. Un lugar perfecto para celebrar el camino recorrido y dejar que el viaje repose en la memoria con gusto a Malbec.
Noche en Mendoza.
Distancia a recorrer: 214 km
Tiempo estimado de conducción: 3 horas
Las montañas quedarán atrás, pero no lo vivido. Lo que empezó como una ruta se transformó en experiencia: los silencios del desierto, el perfume de la vid en flor, la calidez de la gente y la libertad de andar a su propio ritmo.
Hasta el próximo encuentro!
Distancia a recorrer: 26 km
Tiempo estimado de conducción: 35 minutos
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